Search

Second hand/ Segunda Mano

Endless lives/ Vidas infinitas


(Español tras la foto)


Second hand

When I first arrived to Toronto I was blown away by its second-hand market. Coming from Spain, where buying used items was considered an indicator of economic struggle, it was really surprising and refreshing to find so many options. Sometimes it is just unregulated, free, neighbour to neighbour. You can pretty much furnish your house with things you find at the curb. It did happen to Julia and I a few times that while walking in the street we would find a nice table or a bookshelf, and we would need to arrange for a van cab to come pick us up and get us home with our “new” pieces. Clothing swaps are a more communal version, in which people are invited to bring clothes they do not use any more and take whatever they like from other people’s wardrobes.

There are also monetized options, such a thrift stores where you can buy a pair of jeans for $10 or a computer screen for $30. These shops are full of stuff donated by people who do not need them anymore. It has happened to me that, when changing apartments (a frequent activity in Toronto’s non-sense real state market), I ended up donating items to the same shop where I had purchased them a couple of years before. Garage sales are another common way to alleviate your moving efforts. They pop up on every neighbourhood by mid Spring and they are an indicator of good weather and new beginnings.

The online second-hand ecosystem is even more vibrant. There are legendary websites such as kijiji or craigslist, that become your go-to when you first arrive to Canada. You can buy anything from a bike to winter boots, to a truck. There are also trading groups, where people exchange goods without using money. The trading forums are particularly funny, as you find unique exchanges such as someone looking for stovetop coffee maker in exchange for a pound of beacon and bottle of wine. The possibilities are endless.

This thriving market is obviously benefiting from a strong purchasing power and an excessive consumerism. Canada consistently ranks as one of the most wasteful countries in the world on per capita basis (see this World Bank report). But sustainability is not the driving force behind this, there is so much more about it! The thrill of finding a bargain on craigslist (I found my first internet modem for $50), the fun of searching through endless racks of t-shirts and sweaters and coming up with unexpected combinations (my partner is particularly good at this), playing to reconstruct someone’s personality based on their garage sale items or actually meeting them and having a good conversation… second-hand shopping beats going to any regular store by far. The good feeling about not sending your items to the dump is there too. “I am so happy that you are giving them a second life” probably is the most heard sentence on any sale. Well, maybe second after “is the price negotiable?”, which by the way, it always is.

The adjectives I would use to explain the second-hand shopping experience (fun, social, casual, cheap, cool, surprising, abundant, unique, authentic, personal, original, convenient, creative) are pretty much absent on the way I would describe any recycling/waste management initiative I know. Although there may be one exception. There is a human-made peninsula on Lake Ontario, in Toronto, made of construction debris, broken porcelain (unused) toilets and any other inorganic thing you can think of. Over time nature took it back and now it is a 250-ha natural park full of wildlife and recreational opportunities. We can find so many second lives for our unused objects, and therefore reduce consumerism, if only we allow ourselves to have fun along the way.


Take care,


Jose





(Scroll up for English)

Segunda mano

Cuando llegué a Toronto por primera vez me fascinó su mercado de segunda mano. Viniendo de España, donde comprar algo usado se consideraba algo propio de personas con problemas económicos, fue muy sorprendente y refrescante el encontrar tantas opciones. A veces es algo no regulado, gratis, de vecina a vecina. Prácticamente puedes amueblar tu casa con lo que encuentras en la calle, las cosas que la gente coloca frente a su casa para que sean recogidas por quién pase por ahí. Unas cuantas veces Julia y yo estábamos dando un paseo por el barrio y nos encontramos una mesa bonita o una estantería, y tuvimos que llamar a un taxi furgoneta para que nos llevara a casa con nuestros “nuevos” muebles. Otra versión más social son los intercambios de ropa, una especie de fiesta en la que las invitadas traen ropa que ya no usan y toman lo que les gusta del resto del grupo.

También hay opciones que implican transacción monetaria, como por ejemplo las tiendas de segunda mano donde puedes comprar unos vaqueros por 7 euros o un monitor de ordenador por 20 euros. Estas tiendas están llenas de cosas donadas por gente que ya no las necesita. Me ha pasado que al cambiar de apartamento (una actividad frecuente en el mercado inmobiliario sin sentido de Toronto) he acabado donando cosas a la misma tienda donde las había comprado un par de años antes. Las ventas de garaje son otra forma de reducir el esfuerzo de tu mudanza. La gente saca a la puerta de su casa todas las cosas que ya no quiere retener, y las vende a un precio muy reducido. Las ventas de garaje surgen como setas en cada barrio a mitad de la primavera y son un indicador de buen clima y nuevos comienzos.

El ecosistema de segunda mano en línea es todavía más vibrante. Hay páginas web míticas como kijiji o craigslist, que se convierten en tu opción favorita cuando llegas a Canadá por primera vez. Puedes comprar cualquier cosa, desde una bici a botas de invierno, o incluso un camión. También hay grupos de trueque, donde la gente intercambia cosas sin usar dinero. Éstos son particularmente divertidos porque encuentras intercambios únicos como por ejemplo alguien que busca una cafetera a cambio de medio kilo de beicon y una botella de vino. Las posibilidades son infinitas.

Este mercado tan boyante se beneficia obviamente de una capacidad adquisitiva grande y de un consumismo desmedido. Canadá aparece consistentemente como uno de los países que producen más residuos per cápita (mira este informe del Banco Mundial). Pero la sostenibilidad no es el motor que impulsa todo esto, ¡hay mucho más! La alegría de encontrar una ganga en craigslist (encontré mi primer modem de internet ahí por 30 euros), la diversión de buscar en percheros infinitos repletos de camisetas y chaquetas y crear un conjunto inesperado (mi pareja es muy buena con esto), el juego de reconstruir la personalidad de alguien basado en las cosas que vende en su venta de garaje, o incluso conocer a esa persona y tener una buena conversación… la compra de segunda mano no se puede comparar con ir a una tienda normal. El sentimiento positivo de no estar mandando tus cosas al vertedero también está ahí. “Me da mucho gusto que le vayas a dar una segunda vida a esto” es probablemente la frase que más se escucha en cualquier venta. Bueno, quizás la segunda más escuchada por detrás de “¿el precio es negociable?”, cuya respuesta es sí, siempre lo es.

Los adjetivos que uso para explicar la experiencia del mercado de segunda mano (divertida, social, casual, barata, atrevida, sorprendente, abundante, única, auténtica, personal, original, conveniente, creativa) están prácticamente ausentes en el modo el que describiría cualquier iniciativa de reciclaje o gestión de residuos que yo conozco. O quizás hay una excepción. Hay una península creada por los humanos en el lago Ontario, en Toronto, que está hecha a base de residuos de demolición, retretes de porcelana rotos (no usados) y cualquier otra cosa inorgánica que puedas imaginar. Con el paso del tiempo la naturaleza reclamó este espacio y ahora es un parque natural de 250 hectáreas lleno de fauna, flora y espacios para disfrutar. Podemos encontrar tantas segundas vidas para nuestras cosas no usadas, y de paso reducir el consumismo, con solo permitirnos pasarlo bien como parte del proceso.


Hasta pronto,


Jose