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Rise/ Crecida

The river is back/ El río está de vuelta


(Español tras la foto)


Rise

I am back close to my hometown, in Zaragoza (Spain), to spend the holidays, and I have experienced the rise of the Ebro River. It is estimated that about 12,000 hectares of land, mostly for agriculture, have flooded. Inhabitants of multiple towns located next to the riverbanks have spent several nights awake, monitoring water levels and waiting for an evacuation order. In Zaragoza, the river reached a peak flow of almost 2,200 cubic meters per second, a bit less than an Olympic size swimming pool every second. The magnitude is overwhelming, it is hard to wrap your head around it: the volume of water that flowed through Zaragoza from December 12 to December 16 would be enough to fill the local soccer stadium 4.000 times (a stadium that can accommodate more than 30,000 people). The same way the Romans filled the Coliseum with water to make sea battles, the local team could try underwater soccer.


For just a few days, the Ebro River was at the frontpage of newspapers, people got closer to it to take some pictures, even the Spanish president visited the area. However, Zaragoza, as so many other cities worldwide, usually neglects the river. The international exhibition of 2008 (Expo 2008) made some improvements (new bridges, riverside parks and trails) but the city is still far from the connection that other citizens have with their rivers like in Basil (Switzerland), where every year thousands of people swim in the Rhin. And no, water quality is not the issue. Until the 70s, families used to go to the river to swim and cool down. The rise of municipal swimming pools and some uncontrolled dumps changed that tradition. And after that, the disconnection between people and the river is unavoidable.


The public watershed agency in charge of preserving and managing the River (Confederación Hidrográfica del Ebro) has monitoring stations to track water quality and quantity throughout the 900+ km of riverbed. This information is available at their website in real time, so this week I was able to follow the river dynamics from home and see how the flood peak was progressing town after town. I felt like a pharaoh controlling the Nile River. In ancient Egypt, the behavior of the Nile River could mean life or death each harvest season so they invented an instrument to measure the waters in order to predict the Nile’s behavior: the nilometer. Nilometers were used for measuring water levels as early as 5,000 years ago. I visited one of these nilometers, dated back to 861, on Rawda Island in Cairo. It basically is a graded marble column inside of a well connected to the Nile. To measure the water level, the column is graded and divided into 19 cubits (a cubit equals approximately half a meter), and thus can measure water levels up to about 9.5 meters. The floods measured by this Nilometer were important to both the rulers of Egypt, the Caliph, and the general population. During the summer months, the Cairo Nilometer was used to regulate the distribution of water as well as to compute the levy of taxes paid as tribute by Egypt to the Arab Caliph. An ideal flood filled the Nilometer to the 16 cubit mark; less could mean drought or famine and more could mean a catastrophic flood. Only priests and rulers, whether pharaohs or later, Roman or Arab leaders, were allowed to monitor the nilometers, and their ability to predict the behavior of the Nile was used to impress the common people (and to determine how much money would be collected in taxes.) Therefore so many nilometers were built in temples, where only priests would be able to access the mysterious instrument. You cannot deny that the ebrometer is not nearly as mystical, but it works and is quite democratic.


Take care,

Jose


P.S The nilometer part has some info adapted from atlasobscura.com and waterhistory.org.





(Scroll up for English)


Crecida

Estoy de vuelta en Zaragoza por las vacaciones de navidad y me ha tocado vivir la crecida del río Ebro. Se calcula que alrededor de 12.000 hectáreas, la mayoría cultivos, se han inundado. La población de muchos municipios a orillas del río ha pasado varios días en vela, observando los niveles del río y pendientes de una posible evacuación. A su paso por Zaragoza el río llegó a un caudal de casi 2.200 m3/s, un poco menos del volumen de una piscina olímpica cada segundo. Las cifras son mareantes y cuesta incluso imaginarlo: con el volumen de agua que pasó por Zaragoza del 12 al 16 de diciembre se podrían llenar 4.000 estadios de la Romareda. Quizás puede ser una táctica para intentar que el equipo vuelva a primera división. Igual que los romanos hacían batallas navales en el coliseo, el Zaragoza podría probar con fútbol subacuático.


Durante unos días, el río ha vuelto a la primera plana de telediarios y periódicos, la gente se ha acercado al cauce a tomar fotos, hasta el presidente del gobierno visitó la zona. Sin embargo, Zaragoza, al igual que muchas otras ciudades, vive relativamente de espaldas a su río. Es cierto que la Expo de 2008 dejó algunas actuaciones que ayudaron a mejorar esa relación (nuevos puentes, parques fluviales y sendas a lo largo de la ribera) pero todavía estamos lejos de la conexión que tienen en otros lugares como Basilea (Suiza), donde cada año miles de personas se bañan en el Rin usando unos flotadores. Y no, la calidad del agua no es el problema. Hasta los años 70 era habitual que la gente usara el río para darse un chapuzón y refrescarse. La aparición de las piscinas municipales y algunos vertidos descontrolados hicieron que el río sea algo que se mira pero no se toca. Y así la desconexión es casi inevitable.


La Confederación Hidrográfica del Ebro, el organismo público que se encarga de conservar y gestionar el río, tiene puntos de medida de calidad y cantidad de agua a lo largo de los más de 900 km de longitud que tiene el río. Esta información se publica en su página web en tiempo real, así que estos días he podido seguir la evolución del río desde casa y ver cómo el pico de la crecida iba avanzando municipio tras municipio. Me sentía como un faraón controlando el río Nilo. En el antiguo Egipto, el régimen del río podía significar la diferencia entre la vida y la muerte en cada cosecha. Es por ello que los egipcios inventaron un instrumento para medir el nivel del rio y así predecir su comportamiento: el nilómetro. Los nilómetros se usaron para medir el nivel del rio desde hace más de 5000 años. Yo visité uno de esos instrumentos, construido en el año 861, en la isla de Rawda, en Cairo. Básicamente es una columna de mármol graduada dentro de un pozo conectado al Nilo. Para medir el nivel del agua, la columna tiene marcas hasta una altura de 19 cúbitos (un cubito equivale aproximadamente a medio metro), por lo que puede medir calados de hasta 9.5 metros. Los caudales registrados en este nilómetro eran importantes para tanto la clase gobernante de Egipto (el Califato) como para la población en general. Durante los meses de verano, el nilómetro del Cairo se usaba para regular la distribución del agua y para calcular los impuestos que Egipto tendría que pagar al Califato Árabe. Un nivel de agua que llegara hasta la marca de los 16 cúbitos significaba un flujo de agua ideal, menos de eso podía suponer sequía y hambruna, más podía acarrear una inundación catastrófica. Solo los líderes religiosos y gobernantes ya fueran los faraones o más tarde los romanos o árabes, tenían la potestad de monitorear los nilómetros, y su capacidad de predecir el comportamiento del Nilo era usado como forma de intimidar al pueblo (y también para establecer cuánto dinero seria recogido en forma de impuestos). Es por esto que muchos nilómetros fueron construidos en templos, donde solo los sacerdotes tenían acceso a tan misterioso instrumento. No se puede negar que el ebrómetro tiene mucho menos misticismo, pero funciona de maravilla y es más democrático.


Hasta pronto,

Jose


P.S La parte del nilómetro tiene información adaptada de atlasobscura.com y waterhistory.org