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Memoria/ memory

Lo que recordamos/ what we remember


(scroll down for English, after the picture)


Hace unos años trabajé en un proyecto en un pueblo a una hora de Toronto que tenía problemas de inundaciones. Todo el mundo culpaba a un pequeño arroyo que fluye por el barrio, así que intentamos dibujarlo en un mapa y entender si realmente ese era el caso. Los registros del ayuntamiento no tenían sentido, el mapa de google mostraba riachuelos que aparecían y desaparecían en lugares extraños, los modelos de ingeniería no cubrían esa área… ¿qué hicimos? Hablamos con la gente mayor, las personas que han vivido en el pueblo durante más tiempo. Recogimos sus memorias de niñez nadando en el río tras el colegio, sus recuerdos vagos de una iglesia local que tenía un flujo constante de agua en su sótano, los artículos de periódico que hablan de como el arroyo se desbordó por el huracán Hazel en 1954, su tristeza al ver el río entubado y cortado en trozos para permitir nuevas construcciones. Creamos un nuevo mapa basado en esta información y pasamos un día entero caminando con ellas para comprobar si el mapa reflejaba lo que veíamos en el terreno. Hasta que así fue.


Nuestras memorias colectivas son una forma de patrimonio inmaterial, una trenza hecha de miles de hilos que nos conecta con el pasado y que proyectará nuestro presente hacia el futuro. Es inevitable pensar cuántas memorias se han perdido por la pandemia: historias de niñez nunca contadas, idiomas que perdieron a su última portavoz, testimonios de días oscuros y claros de nuestra historia reciente, conocimiento milenario pasado de generación en generación. La trenza es más delgada ahora y colectivamente tendremos que repararla.


Hubo gente con la que no pudimos hablar en nuestro proyecto del río a pesar de haber cuidado del agua y la tierra durante más tiempo que nadie. Once grupos distintos de pueblos indígenas que habitaron ese territorio durante miles de años habían sido eliminados y desplazados por el gobierno canadiense. Sus historias borradas, su conocimiento local perdido, su cultura reubicada. Una colega y yo intentamos contactar a las once naciones para incluir sus comentarios en el proyecto, sólo conseguimos involucrar a tres. Algunas de las naciones, que han sido esparcidas en remotas reservas distribuidas en varias provincias, estaban sorprendidas de que les contactáramos, otras molestas por la práctica extractivista de la consulta comunitaria destinada sólo a satisfacer requisitos legales. Sólo una Nación, quizás la que tenía más vínculos en el barrio del proyecto a pesar de no estar físicamente ahí, nos recibió en su reserva y participó en el proyecto.


Esta semana, justo en el momento en el que Canadá estaba a punto de celebrar su fiesta nacional (Día de Canadá, 1 de Julio), el país volvió a sentir una ausencia larga y dolorosa en su memoria colectiva. Cientos de tumbas de niñas no identificadas han sido encontradas junto a escuelas residenciales por todo el país. Se estima que 150,000 niñas indígenas fueron arrebatadas de sus familias y forzadas a asistir a escuelas gestionadas por el gobierno y la iglesia con el propósito de borrar su cultura. La última escuela cerró en 1996. El daño irreparable todavía hace temblar los cimientos del país y la reconciliación con los pueblos indígenas sigue siendo una promesa electoral rota.


La Columbia Británica salió en las noticias de todo el mundo esta semana por batir varios récords históricos de temperaturas altas por la ola de calor. Es como si el cambio climático estuviera dando un último aviso a la región ahora que el gobierno apoya la tala de árboles centenarios en la cuenca de Fairy Creek, en la isla de Vancouver. Algunos de los árboles tienen más de 800 años. Investigaciones realmente fascinantes de la investigadora Suzanne Simard, también en la Columbia Británica, muestran que en un bosque los recursos (carbono, agua, nutrientes, señales de alarma) fluyen de los árboles más viejos y grandes a los más jóvenes y pequeños, a través de una red subterránea de hongos. Los árboles viejos cuidan de los jóvenes, aumentando su probabilidad de supervivencia y contribuyendo a un ecosistema saludable y biodiverso. Los árboles comparten su conocimiento, sus memorias, igual que nuestras personas mayores hacen con nosotras. Preservemos todas esas memorias.



Hasta pronto,


Jose




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(Español más arriba)



I worked in a project in a small town one hour north of Toronto that had recurrent flooding. Everybody pointed to a small creek flowing throughout the neighbourhood, so we tried to map it and understand if that was the case. The municipal records did not seem to make sense, Google maps showed streams coming out at weird places, the engineering models did not cover that area… what did we do then? We talked with the elder, the people who have been around the longest. We collected their childhood memories of being able to swim in the creek after school, their uncertain recollections of a local church that had a constant stream of water running behind their basement, their newspaper articles of the creek overtopping the banks when Hurricane Hazel hit (1954), their sad memories of the creek being piped and cut in pieces to allow for new development. We created a new map based on this new information and finally spent a full day walking and checking if it matched what we could see on the ground. Until it did.


Our collective memories are a form of immaterial heritage, a braid made of thousands of threads that connects us with the past and will project our present into the future. I cannot not help but thinking about how many memories were lost due to the pandemic: childhood stories that were not untold, languages that lost their last speaker, recollections of darker and brighter times in recent history, ancient knowledge passed from generation to generation. The braid is thinner now and we, collectively, will need to repair it.


There were some people we could not talk with in our creek project, despite being the stewards of the water and the land for the longest time. First Peoples of 11 Nations that lived on these territories for millennia had been removed and displaced by the Canadian government. Their stories erased, their local knowledge lost, their culture displaced. A colleague and I tried to contact all eleven Nations to include their input in the neighbourhood project and only successfully engaged with three of them. Now spread in remote reservations across different provinces, some of them were surprised that we were contacting them, others annoyed by this extractive community engagement practice focused on checking boxes. Only one Nation, perhaps the one with strongest current connections in the neighbourhood despite being physically absent, received us in their reserve and provided input on the project.

This week, as the country was headed to its national holiday, Canada was reminded again of a long and painful gap in their collective memory braid. Hundreds of unmarked graves of children have been found in the grounds of residential schools throughout the country. An estimated 150,000 Indigenous children were taken from their families and forced to attend government and church run institutions designed to erase their culture. The last school closed in 1996. The irreparable damage still shakes the foundations of the country and reconciliation remains a broken political promise.


British Columbia made it to the news this week for hitting several high temperature records in a historic heat wave. It feels like climate change is giving the region a final warning as the government supports the clearing of old-growth trees in the Fairy Creek watershed, on Vancouver Island. Some of the trees are older than 800 years. Amazing research carried out by Suzanne Simard in British Columbia shows that in a forest, resources flow from the oldest and biggest trees to the youngest and smallest through underground fungal networks. The old trees look after the seedlings, increasing their chances for survival and contributing to a healthy and biodiverse ecosystem. They pass on their knowledge, their memories (in the form of alarm signals) as our elders do with us. Let us keep all of them.



Take care,


Jose