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It takes a village/ Hace falta un pueblo

Healing/ Sanación


(Español tras la foto)


It takes a village

It takes a village to raise a child, they say. I would add that it also takes a village to say goodbye to a loved one. My father passed away on July 16th and I have spent the last four weeks surrounded by my partner, family, friends, family’s friends and pretty much the whole village. I think it has been the most difficult time of my life. I felt a pain that I did not know it existed and I think it was only bearable because I was supported for so many people in so many ways. From people who just check in when they see you in the street or tell you stories about your dad to those who bring unsolicited fresh tomatoes or cook a meal for the day of the funeral. I can only feel grateful for the love that my father gave and inspired, a love that keeps resonating now that he is looking at us from the sky.

I had a hard time sitting down and getting back to writing but I think it is what my father would like. He certainly was one of the first people I had in mind when I started the newsletter. I wanted to bridge the gap between my life in Canada and my life in Spain. He was looking forward to every newsletter and even sent me news that could inform my articles. Writing made me feel closer to him and will always do.

In a disorienting and draining moment, it has been a gift to discover the healing that comes from spending time in nature. My father got into hiking recently and we were planning to take part in some of the walks that an amateur group organizes in town. I did attend a couple of hikes and it was moving to hear the stories people shared and connect with the land and with my father through them. We walked through 500 year-old olive trees, visited a Muslim watchtower and saw dozens of abandoned mines. I could feel my dad walking along me. He will always do.


Take care,


Jose





(Scroll up for English)


Hace falta un pueblo

Hay un dicho en inglés que dice algo así como “Hace falta un pueblo para criar a un bebé”. Yo añadiría que también hace falta un pueblo para decir adiós a un ser querido. Mi padre falleció el 16 de Julio y he pasado las cuatro últimas semanas rodeado de mi pareja, familia, amigas, amigas de la familia y prácticamente todo el pueblo. Creo que ha sido el momento más difícil de mi vida. He sentido un dolor que no sabía que existía y pienso que sólo ha sido soportable gracias al apoyo de tantas personas. Desde las que te preguntan cómo estás cuando te ven en la calle o te cuentan historias de tu padre hasta aquellas que te traen tomates de su huerto sin que se los pidas o hacen la comida para el día del funeral. Sólo puedo sentir gratitud por el amor que mi padre dio e inspiró. Un amor que continúa resonando ahora que nos observa desde el cielo.

Me ha costado mucho sentarme a escribir pero creo que es lo que mi padre querría. Él fue una de las primeras personas en la que pensé cuando empecé con el boletín. Quería cerrar la brecha entre mi vida en Canadá y mi vida en España. Él esperaba entusiasmado cada boletín e incluso me enviaba artículos que yo pudiera usar en mis escritos. La escritura me hacía sentirme más cerca de él y siempre lo hará.

En un momento desorientador y agotador, ha sido un regalo el poder descubrir la sanación que viene al pasar tiempo en la naturaleza. Mi padre se aficionó a caminar recientemente y planeábamos participar en algunas de las caminatas que un grupo organiza en el pueblo. Asistí a un par de andadas y fue emotivo escuchar las historias de la gente y conectar con la tierra y mi padre a través de ellas. Caminamos alrededor de olivos de 500 años, visitamos una torre de vigilancia musulmana y vimos docenas de minas abandonadas. Podía sentir a mi padre caminando junto a mí. Siempre lo hará.


Hasta pronto,


Jose